Ve y ve, no es igual, a ver beber un bebé con su tacita, que no es tácita cita, ni tácita reconducción, que se empeña en la peña de no querer ver, que sí empeña su pulsera de diamantes, que le regaló su amante, en su pulso no será vista, aunque se vista la vista con anteojos que van sobre sus ojos que laten y la tengan ganando. Yo ando dondequiera que quiera estar, nadando sin nada dando, para que me dejen ir riendo hasta llegar a la escalera, escalando, jalando una cuerda, peldaño a peldaño, y que, aunque sé, no está muy cuerda, no quiero que me haga ningún daño este año en que por fin beberé un exquisito vino, que vino desde muy lejos, cosecha de antaño. Añoranza que añora, ser alcanzada ahora, siendo alzada la lanza que la atraviesa a deshoras, en aquellas horas nocturnas, en que buscaran su urna un domingo de votación, donde proliferarán las urnas electorales y harán discursos orales, sin importar los usos horarios en que orar será una bendición compuesta esta, como una bella canción.
Ma. Alejandra
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