Donde quiera que te encuentres,
amapola del sendero,
ha de llegar mi ternura
que arrullada yo te envío.
Cobíjala, que ha nacido
al beber de tu sonrisa,
esa cristalina gota,
de tu piel, como rocío.
Donde quiera que te encuentres,
libélula fina y dulce,
he de beber de tu vuelo,
que es el maná apetecido,
donde cantan las auroras
sobre campos florecidos.
Donde quiera que te encuentres
amor divino y profano,
nacido en el sendero,
recojo el tierno canto,
para decirte que has llegado,
con esmero hasta mis manos.
Maria Alejandra Jiménez
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